
El motivo del cese de esta tan irrespetable actividad profesional no se debe a nada más que a un cambio de aires. Me voy a vivir a la China más septentrional durante un tiempo. He pedido permiso al gobierno comunista para poner una paradita, tipo mercadillo en plena muralla para vender sevillanas y toritos en miniatura de esos que se ponen encima de la tele y que vuelve locos a los chinos.
No tengo ninguna duda de que haré mi fortuna gracias a estas figuritas de fieltro imperecedero. Todo esto es fruto de un elaborado intercambio cultural en el cual mi homólogo pondrá un puesto de gatos chinos, de esos que mueven los brazos en las Ramblas de Barcelona.
Cabe decir el esfuerzo de sendos ministerios de exteriores para lograr tal hazaña en tiempos de desaceleración económica. La última vez que se hizo algo así fue cuando un ruso invitó a café a un americano en la estación espacial Soyuz y no le puso taza porque no había gravedad.
Un abrazo para todos y hasta pronto. No t’espantis mama.
Miquel.