Al final, de fundido en blanco a las cuatro de la tarde, nada de nada. Pese a que Carmen Alcayde lo había anunciado en el penúltimo programa (ése en el que sacaron a pasear a muchos de sus fantamas y en el que Aramís Fuster agradeció los servicios prestados por el Tomate en nombre de su madre, de su gato y de ella misma). Los fundidos en blanco son propios de «A dos metros bajo tierra». Cosas de difuntos. Los fundidos en negro lo son de «Los Soprano», al menos de su último episodio, «Made in America». Pero «Aquí hay tomate» es «made in Spain» y eso se nota mucho. El fundido, a tomar aire fresco. Y de las concentraciones de protesta por el fin del Tomate casi ni nos enteramos. El Gobierno de España y el de Madrid habrían coincidido por una vez en el número de manifestantes. Con saber contar hasta diez... «Los quitan por decir las verdades», gritaba una de las señoras asistentes. También estaba, cómo no, Mocito feliz, ese tipo calvo, con barba y un periódico en el pecho cuya más relevante ocupación es la de chupa cámara. Dando caché. Quizá había más gente de la que se esperaba. Pero menudos admiradores. Ahí en la calle y perdiéndose la despedida tomatera.
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